Esta historia es de Dolores, Consuelo y Esperanza.
Esta semana, en concreto el 22 de julio, arrancó el envío del liquidador de la aseguradora FWU, con el reconocimiento a los más de 40.000 afectados de la cantidad máxima que pueden esperar recuperar del dinero que tenían ahorrado.
Este envío, que tardará semanas porque a nivel europeo hay cientos de miles de afectados, irá dejando claro el alcance de las pérdidas que ha ocasionado a sus clientes.
Las pérdidas no son provocadas (por ahora) por el cierre, sino porque se trata de productos de ahorro tipo PIAS, muy caros.
La cantidad de gastos que tienen hace imposible obtener rentabilidades razonables, ni siquiera en un ahorro pensando en la jubilación a 25 años; cuanto menos cuando se vendieron con la idea de recuperarlos en 5 o 10 años. Todo un despropósito.
Los casos que estoy analizando muestran, en general, pérdidas de entre el 70% y el 30% de lo aportado. Y hablamos de aportaciones, de media, entre 5.000 y 30.000 euros. Mucho dinero esfumado.
Esfumado en gastos de póliza, no por la insolvencia de la aseguradora. La insolvencia solo ha hecho aflorar el problema. El dolor que siente un afectado, tras conocer esto, es complicado de gestionar.
¿La cifra es definitiva?
No, cabe la posibilidad de que no lo sea. Pero sí puede serlo. Depende del estado financiero real de la aseguradora. Aquí sí tenemos una parte en que la ‘quiebra’ podría afectar. Si no hay dinero para pagar lo que se debería a todo el mundo es que se han hecho las cosas muy mal desde la aseguradora. Podría haber incluso algún delito, y eso afectaría a los asegurados que no podrían recuperar todo. Pero no tiene por qué existir este problema.
De existir esa falta de fondos, los perjudicados recibirían la cantidad menos la quita proporcional que se necesitara para pagar a todos, lo que se pueda, proporcionalmente a la pérdida.
Vaivén de emociones
Tras el shock de hace un año, en que conocíamos la falta de solvencia, hasta principio de este, con la declaración de liquidación de la entidad, los perjudicados han pasado por un vaivén de emociones, y hasta finalmente, conocer la realidad del valor de su póliza.
Valor que les enfrenta a la realidad, a que su póliza valía en el momento del cierre de la actividad aseguradora, mucho menos de lo que habían aportado.
Muchos, que iban conociendo de la situación, daban por perdido completamente el dinero, pero esta carta abre un poco la expectativa, del consuelo de cobro de alguna cantidad. Y la esperanza de que sea suficiente para volver a empezar.
Río revuelto
España no es el país donde se escribió el Lazarillo de Tormes por casualidad. Ese libro es una consecuencia de nuestra forma de entender la vida, y los negocios: ese no poder fiarte de quién te ayuda, ese no poder fiarte del que ayudas... Es nuestro sino como sociedad.
Durante este año, los perjudicados han tenido que aguantar de todo:
Los mensajes de su “consultor”:
“No pasa nada”, “Va todo bien”, “Se resuelve la semana que viene”… cada 15 días.Los abogados metiendo prisa:
“Hay que demandar ya”, “Vas a perder la oportunidad”, “Vas a perderlo todo”, porque temían que las cartas que ahora se reciben dieran buenas noticias… y que la gente pasara de demandar.Otros consultores de otras redes y marcas de PIAS:
“Tienes que traspasar tu fondo al mío”, “Firma ya, por si cierra”, “Ese producto es mucho más caro que el mío”. Porque si ya has picado una vez, vamos a confirmar la sabiduría popular y hacerte tropezar otra vez en la misma piedra.
Los perjudicados que hayan sido conscientes desde el primer momento, que hayan pasado por todo este proceso y hayan aguantado a todo tipo de lazarillos sin aficionarse al Lexatin, tienen todo mi respeto. Y un estudio pendiente de su cerebro, para ver cómo son capaces de aislarse de toda esta mierda.
Esperanza
Uno de esos perjudicados me preguntó cómo podía recuperar la pérdida ocasionada por el producto.
Como asesor financiero, es fácil contestar: se hacen un par de cálculos y se puede tener una expectativa de rentabilidad a un plazo determinado. Pero hay problemas añadidos:
La mayoría de los afectados estaban invirtiendo en un riesgo superior al que su perfil podía asumir. De hecho, esto es una de las causas que genera sentencias sobre ventas indebidas en todo este proceso.
Después de esta experiencia, son reticentes a cualquier tipo de inversión… incluso a productos de ahorro asegurado.
Aún les quedan meses para tener el dinero en su poder y poder volver a moverlo.
Tres circunstancias complejas de gestionar.
Perdida de oportunidad
Con ayuda de una de mis socias (una IA) hicimos los cálculos para conocer el tiempo que se ha perdido con este ahorro fallido.

El primer cuadro (más oscuro) representa el tiempo necesario para recuperar la pérdida con una inversión que nos dé una expectativa de rentabilidad del 3,5%, 5% o 7%. Es decir: el tiempo perdido.
El segundo cuadro (más claro) muestra lo mismo, pero con una aportación periódica mensual (un 1% de lo recuperado, al año, pero aportado mes a mes).
Ejemplo:
Aportación: 5.000 €
Recuperación: 2.500 €
Pérdida: 50 %
Con una inversión moderada, se recuperaría en 99 meses.
Si se aporta solo ese 1 % (unos 45 € al mes), la recuperación se lograría en 49 meses (cuatro años).
La mayoría de perjudicados han perdido entre 4 y 8 años de tiempo de ahorro. Y eso, si vuelven a hacer algo. Si les coge el miedo y lo dejan, no es solo pérdida de tiempo: también es una pérdida económica definitiva.
Y este mismo cuadro es parte de la esperanza, porque también nos está diciendo en cuánto tiempo se puede recuperar la pérdida.
Como sí hay fórmulas baratas para hacerlo, y el cuadro es prudente en el tipo de inversión, existe la posibilidad de rehacer el ahorro, recuperar lo perdido y olvidar todo esto. Siempre que se tenga tiempo suficiente por delante.
Dolores, Consuelo y Esperanza
Como habrás adivinado, Dolores, Consuelo y Esperanza no son los nombres de tres afectadas, pero podrían serlo. Representan el terrible proceso por el que están pasando 40.000 personas, víctimas de estas pólizas PIAS.
Y aún quedan noticias por llegar… hasta que una Lola, una Chelo y una Espe tengan el dinero otra vez en su cuenta, y un plan para recuperarlo.
Debería dejar aquí el texto. Pero tengo un compromiso con estos perjudicados. Porque si no eres parte de la solución, eres parte del problema.
Así que mi ofrecimiento para todos los afectados de organizar una fórmula de recuperación de las pérdidas es sincero. Para eso está nuestra línea de WhatsApp: 642 400 220. Pregunta por mí, y te ayudaré a organizar este dislate.



