Patrick, escogió poner cada día sus aperos de limpiabotas cerca en la puerta de Wall Street, que se había convertido, después del final de la primera guerra mundial como un centro de inversiones, y poder. Le llamaban Patrick, porque Genaro Pascale, no había manera…
Cobraba diez centavos por dejar los zapatos como nuevos, después del paseo por las sucias calles de Nueva York. Sus clientes, presidentes de bancos, de compañías automovilísticas, brokers de la bolsa… Puede que Patrick Bologna fuera confidente de las grandes fortunas, y de algunas de las personas con más poder…
Todos esos magnates le contaban sus chismes, que comprarían, que edificios harían, en que invertirían. Patrick, pronto supo que hacer con esa información, invertir como lo hacían los que manejaban el mundo, sus clientes. Y dos, contarlo.
Siempre decía “mi dinero siempre se queda en esta calle, es el mejor lugar del mundo donde puede esta”, diciendo que lo invertía allí mismo.
Su fama se extendió. El limpiabotas ya ganaba más dinero con un consejo financiero, que todo el día limpiando zapatos. Si en algún momento no tenía clientes, el chico, se le podía ver ojeando el “Wall Street Journal”.
Así, mucha gente iba a usar sus servicios, de limpieza, pero además a pedirle consejo de inversiones. El limpiabotas de Wall Street, ya tenía fama de persona con mucha información.
Estamos a principios de octubre de 1929, Patrick hace su trabajo con un tipo rico de Boston que anda de viaje por allí, se llama Joseph, y le cuenta que tiene 7 hijos, y te daré el nombre de los varones: Joseph Patrik, John Fitzgerald, y Robert.
Joseph se está haciendo muy rico con sus inversiones. Y el joven Patrick, 21 años, le da uno de sus chismes :
“¡Compre petroleras y ferrocarriles, van a subir hasta el cielo, un tipo que estuvo aquí esta mañana me ha dado esta información con muchos detalles confidenciales!”
Joe, le pagó con un cuarto de Dólar, porque ese consejo desencadeno su posición como una de las personas más ricas tres semanas después.
Joe, al llegar a Boston, le dijo a su mujer que iba a vender todas las acciones. Y que lo haría rápido.
Joe, le dijo a Rose:
Cuando los mendigos, los limpiabotas, los peluqueros y la esteticien te hablan de como hacerte rico, es el instante en el que tienes que recordar que no hay momento más peligroso para pensar que puedes obtener algo a cambio de nada…
Existe la versión que dice que fue su mujer Rose, quien le dijo la famosa frase que está más abajo y quién le animo a vender en bolsa todas las posiciones.
Sí, la frase es clasista a más no poder, pero era 1929, y los Kennedy, muy ricos. Joe vendió a principio de octubre sus acciones, y le salvaron del crack del 29, la mayor depresión que vivía el país y buena parte del mundo civilizado.
Lo demás lo sabes, su hijo John, pasó a la historia como JFK, y murió en un atentado siendo presidente de los Estados Unidos… y uno, llega a presidente de USA solo si tienes una familia con mucho poder.
Nuestro amigo Patrick, el martes 29 de octubre de 1929, corría a su broker a intentar vender sus acciones como todo el mundo, pero no pudo ni pasar a la oficina de la cantidad de gente que había amontonada queriendo recuperar su dinero, que caía 3 puntos cada hora... En ese momento se conformó con otra de las frases de sus amigos:
“Un hombre sabio nunca vende a la primera señal de problemas, eso es de roñosos”
Charles Mitchel (presidente del National City Bank)
Así Patrick perdió sus 8.000 dólares, que para el año 1929 era una fortuna. Lo que costaba en ese momento una casa en Estados unidos. Años más tarde Patrick contaría que en ese momento: “me fui a emborrachar ¿Qué podía hacer? ¡tenía 21 años!”. Y joe Kenedy recordando la anecdota afirmó. “Cuando hasta el limpiabotas te hable de Bolsa, ese será un buen momento para vender”.
Después durante la gran depresión al limpiabotas le fue muy bien, nadie quería tener que cambiar de zapatos y los cuidaban mucho. Y probablemente seguiría dando consejos. Algunos banqueros como James J. Riordan (The County Trust Company) no pudieron con la presión y se suicidaron. Mitchel, presidente del National City Bank, tuvo que testificar en el Congreso, acabaría dimitiendo, por todo el caos que no vio venir.
Hoy todo el mundo te habla de invertir en bitcoins, en ETF, te da el chisme de la nueva criptomoneda “que va a subir hasta el cielo”. Es cierto que vivimos un momento en que las finanzas más complejas se están democratizando, todo el mundo tiene acceso a comprar activos relativamente complejos en cualquier bolsa del mundo, como un producto derivado ( ETF ) y referenciado a futuros negociados de una criptomoneda y con solo 50€.
Y “todos” ganan.
Cualquiera te da un consejo. Por menos aún de lo que los daba el limpiabotas. Gratis. Quizá, solo, por esa corriente de exposición continua a la que nos han llevado las redes sociales, dónde continuamente hay que aparentar que se está bien o que se sabe mucho.
Y no estoy pronosticando que venga una gran depresión (ni lo contrario), por mucho que se parezcan esta época a los locos años 20 del siglo pasado. Esta historia real, quizá novelada por lo mucho que se ha contado, quizá solo una fábula que el padre de JFK asumió como suya, o aconsejado por su mujer… da igual, lo que hoy quiero contarte es que cuando algo está en boca de todo el mundo, debes ser consciente que te estás enterando muy tarde.
De que la masa, va a remolque de lo que está pasando. Así funcionan las bolsas en las masas de gente, el grueso vende cuando ya está abajo, y compra cuando está muy arriba. O sea, cuando la noticia ya ha ocurrido. Y se ha enterado hasta tu cuñao. Así de fácil pierde dinero la gente.
Ya sabes que si quieres hablar de inversiones conmigo puedes pedírmelo por whatsapp pinchando aquí. Respondo siempre, pero no rápido.




