Who ya gonna believe, me or your own eyes?
¿A quién va a creer, a mí o a sus propios ojos?
Sopa de ganso. 1933. Los Hermanos Marx.
Muchas veces cuando me preguntan sobre los sesgos acudo a Müller-Lyer, a Franz Carl Müller-Lyer, un sociólogo y psicólogo alemán nacido en 1857, y que en un estudio sobre cómo interpretamos los espacios se encontró con esta conocida ilusión óptica.
Qué ocurre en el cerebro para identificar dos líneas exactamente iguales como diferentes en función de cómo acaban, nadie lo tiene claro, las teorías son varias, me quedo con esta:
El cerebro usa ángulos para medir distancias, y para conocer el espacio tridimensional que tiene frente a él.
En un estudio donde niños de Estados Unidos y de Zambia miraban estos dibujos: los americanos, más acostumbrados a vivir entre ángulos rectos eran más susceptibles a la ilusión.
Así que esta explicación parece la más plausible. El cerebro usa esas líneas rectas para identificar la forma y la distancia. Y lo hace de una manera automática, sin pensar en ello. Solo reconociéndolo, sin más. Y aún después de conocer que es una ilusión óptica, un “fallo” de la interpretación del cerebro, y de tener identificado en cuanto nos plantan las líneas delante, sabemos que son iguales pero ¡¡las vemos distintas!!
El cerebro insiste en que son distintas.
Kahneman, el psicólogo con el Nobel de economía, habla del gasto que supone el uso del Sistema 2. Ese Sistema 2, es necesario para ver las líneas como son, iguales, porque es necesaria una explicación y prestar atención. Y aún sabiéndolo, el Sistema 1 insiste en que son distintas y a otra cosa, rapidito.
Sobre el Sistema 1 y el Sistema 2 de Kahneman
El psicólogo que recibió el Nobel por sus estudios sobre cómo actúa el cerebro, y cómo toma las decisiones, incluyendo las económicas, las inversiones, divide las reacciones del cerebro en dos sistemas:
El 1 es el automático, el del cerebro instintivo, el que actúa rápido por dos motivos, salvarte la vida o que no pierdas tiempo y esfuerzo en una tarea automatizada.
El 2 es el que entra cuando hay que razonar. O cuando realizamos varias actividades a la vez (o lo intentamos). Cuando necesitamos prestar atención a lo que hacemos.
Un ejemplo para ver cuando actua cada sistema lo vemos cuando empezamos a conducir, o a montar en bicicleta, las primeras veces el sistema 2 toma el control porque tenemos que estar pendientes de hacer una cosa con las manos, otra con los pies, y controlar señales y coches y peatones... Esto es un esfuerzo terrible para el cerebro.
Así que en cuanto puede automatiza estas tareas, el uso repetido de las acciones de conducir o montar en bicicleta, hace que el sistema 1 las interiorice, y llega un momento, en que conduces sin pensar qué tiene que hacer una mano, el pie, y anticipas perfectamente al peatón que cruzará 30 metros más adelante.
Sin embargo, el sistema 1 mira el test de Müller-Lyer y determina de un vistazo que son líneas distintas.
Pero una vez nos explican el truco, el sistema 2 lo ve claro. Incluso lo aprende.
Pero viene lo terrible, la próxima vez que nos enfrentemos al test el sistema 1 vuelve a tomar el control y a engañarnos.
Esta es una de las conclusiones de Kahneman básicas: saber que es una ilusión no impide que el cerebro nos engañe.
Aunque el cerebro puede aprender destrezas complejas como conducir hasta ejecutarlas sin pensar, la ilusión de Müller-Lyer demuestra que no podemos reprogramar nuestra percepción básica: las flechas engañan de forma automática a los circuitos visuales con los que nacemos. La razón por la que sí aprendemos a conducir pero seguimos viendo las líneas desiguales es la retroalimentación; mientras que equivocarse al volante tiene consecuencias inmediatas que reajustan nuestros hábitos, mirar el dibujo no produce ningún impacto que obligue al cerebro a cambiar su interpretación. Por eso, el conocimiento lógico del Sistema 2 nos sirve para medir y no dejarnos engañar en la práctica, pero jamás logrará borrar la ilusión visual que nos genera el Sistema 1.
Esto es terrible, porque es el mayor mal que nos provocan los sesgos. Si aún siendo conscientes de que es una ilusión el cerebro sigue engañándonos, qué pasa cuando nos enfrentamos a una decisión, que sabemos lo que debemos hacer, pero el cerebro sigue dándonos la versión fácil.
Quédate con esto, el Sistema 1 es el que te salva la vida, es el automático, el que te hace saltar a la acera cuando escuchas por la espalda un autobús a 50 km/h.
Soy Angel del Amo, experto en seguros desde hace más de 35 años, escribo de seguros e inversiones y cuento lo que tu cuñao no sabe. Suscríbete para recibir cada domingo a las 15:00h un comentario con aprendizaje.
Las inversiones
¿Qué ocurre cuando la bolsa cae de golpe en nuestro cerebro? Probablemente hacía años que ya te habían explicado que iba a pasar, que no pasa nada, que la volatilidad es buena y esas cosas que hemos leído mil veces.
Pero tu Sistema 1 dice “¡peligro, huye!”. Ahora explica al que te salva la vida que está equivocado. Que hay que aguantar. Que no pasa nada. Y entra el Sistema 2 y lo razona, y te quedas algo más tranquilo.
Pero tú sigues viendo las dichosas líneas claramente distintas.

Al día siguiente nueva noticia de que sigue cayendo, y tu Sistema 1: “hay que huir. No queda tiempo. ¡YA!”. Y quizá vuelva el Sistema 2 a reconducir la situación.
Pero a la tercera, o la cuarta, no tiene sentido que no escuches a la parte del cerebro que te salva la vida.
Acabas vendiendo y materializando las pérdidas.
Porque sabes que no pasa nada. Pero lo sigues viendo negro.
Soluciones
He visto muchas veces como el Sistema 1 hace equivocarse al cerebro, que desoye al Sistema 2. Como una persona teniendo la teoría en la cabeza, de cuales son las mejores decisiones de inversión, actúa llevado por el Sistema 1.
Como cuando nos repele una araña, giramos el volante sin pensar al ver que se cruza algo en la carretera, o vendemos un fondo con la noticia del telediario que todo se desploma. Y sabemos que la araña no nos hace nada. Pero el Sistema 1 toma el control.
Como veíamos el sesgo que nos hace equivocarnos al invertir es una ilusión, no hay un hábito detrás que pueda evitar que lo veamos como manda el Sistema 1.
Aunque identifiquemos el sesgo, conocerlo, no evita la tentación. La sensación visceral de pánico o euforia ante una noticia que levanta el sesgo salta de todas maneras.
Y no aprendemos en inversiones, porque no hay retroalimentación. No hay un estímulo directo que te hace ver el error. Si giras un poco tarde, el coche te da una sensación inmediata. El resultado de un error en la inversión será analizable tiempo después. Y ya estará el Sistema 1 dispuesto a explicarte que acertaste, que no lo pienses más.
Por tanto, la única manera de luchar es combatir estos tres problemas, hay que identificar la ilusión, anular el impulso, tratar de aprender. Y todo en contra de tu cerebro.
Hoy de regalo tres técnicas para intentar que el Sistema 1 no tome el control: Ulises, la carta, y el cortafuego.
Ulises se ató al mástil para no sucumbir al canto de las sirenas, que suponían el impulso irrefrenable. Átate al reloj, no tomes una decisión financiera antes de 48 horas.
Escríbete una carta con tus normas de cómo tienes que actuar, sobre todo en momentos de pánico. Fuérzate a leerla antes de hacer cualquier movimiento financiero.
Crea un cortafuegos, algo que te pare antes de tomar una decisión, como tener la contraseña para operar en una caja que se abre un día después de solicitarlo. O un asesor financiero que te recuerde lo que sabes, y devuelva el control a tu Sistema 2.
Who ya gonna believe, me or your own eyes?
Cuando Chico Marx, dice esa frase a la protagonista, después de que ella ha dicho algo así como “Si acabo de verle salir”, ese “¿A quién va a creer a mí o sus propios ojos?” si Marx, no quisiera engañar a Margaret Dumont, definiría muy bien la labor del asesor financiero tratando de corregir un sesgo.
Ojo por tanto a la complejidad de salvarse de caer en los sesgos. Es muy difícil hacerlo solo, y ni siquiera es sencillo teniendo un asesor financiero… Solo, necesitas conocimiento, hábito y por tanto tiempo. Con un asesor confianza depositada.
¡Buena suerte!
Si no has empezado a invertir porque te da miedo equivocarte, porque no sabes en qué, ni cómo, quizá podamos hablar. Escribe a nuestro whatsapp de atención 642400220 y di que quieres hablar de inversión para que me llegue a mí.
Y puedes compartir el texto con aquella persona que has estado pensando que te gustaría que lo leyeras.



